viernes, 1 de febrero de 2013

En un chifa con HAYA DE LA TORRE



Nancy Ayllón: Recuerdos del extinto, y acucioso periodista Alfonso Tealdo sobre el desaparecido líder del partido aprista Victor Raul  HAYA DE LA TORRE.
Una crónica olvidada sobre la personalidad de Haya. Alfonso Tealdo, director de la revista "¡Ya!", una de las más polémicas de la segunda mitad del siglo pasado, conoció al líder aprista en una circunstancia muy peculiar que le permitió conocerlo a fondo. Aquí la historia.
Escribe: Alfonso Tealdo.
Estábamos, entonces, en plena campaña política. Fue en los primeros días de junio de 1945. Yo acababa de regresar de la gira al sur con (José Luís) Bustamante. Vine con un resfrío de los mil demonios. Pero ese día iba a pronunciar un discurso Haya de la Torre en el Callao y yo nunca lo había oído hablar. Esa noche llovió. Haya de la Torre no fue puntual. Apareció en uno de los balcones de la Plaza Garibaldi con más de una hora de retraso.
Lo conocí esa noche del Callao. Lo conocí fortuitamente. Después de su discurso, fui a uno de los chifas de la calle Sáenz Peña. Quería tomar algo caliente que me aliviara. Había mucha gente. Los chinos gesticulaban, pálidos y nerviosos. A uno de ellos le oí, entonces, pronunciar el nombre de Haya de la Torre. Le pregunté si se hallaba allí, y él me contestó afirmativamente.
En un comedor reservado, en efecto, estaba. Al mirar por entre los barrotes de una reja, lo vi en el centro de una mesa. Comía. Él también me vio. Hasta ahora no sé por qué, pero hizo el gesto de los que invitan a pasar. Yo hice el gesto de los que no pueden hacerlo a través de una reja. Entonces, mandó que la abrieran e ingresé al comedor. Me hizo sentar a su lado. La comida china se presta para confraternizar. Para comer de un mismo plato. (...)
Luego me dijo:
– ¿Quiere usted viajar conmigo a Piura?
Acepté. Acepté porque creía que ese viaje no era tan inminente como resultó a la postre y a los postres. Porque de ese comedor, a los pocos minutos, salimos para Piura sin parar.
EL LIBRO SECRETO
Fue una carrera verdaderamente brutal. Hubo una breve detención en Trujillo y nada más. Durante el trayecto, sólo comimos naranjas de Palpa. Al pasar por Chiclayo, Haya de la Torre me dijo:
– ¡Quiero regalarle un libro! Dígame cuál quiere.
Yo le respondí que iba a pensarlo. No se me ocurrió ninguno adecuado. Al cabo de unas horas, le
Respondí:
–Deseo "Por quién doblan las campanas", de Hemingway.
No le gustó a Haya de la Torre mi elección: una apología de los comunistas durante la guerra civil española. Haya de la Torre cumplió con su ofrecimiento. Una tarde, en casa de Carcovich desapareció de repente. A la media hora regresó.
–Aquí está el libro que usted quería y otro que he escogido yo.
Abrí el paquete: en una rústica y muy pobre edición: "Por quién doblan las campanas", de Hemingway;
y en una lujosísima edición inglesa dedicada: "Retratos romanos". Cabezas, bustos de tribunos, emperadores y guerreros. Fotografías de piedra eterna. Esa tarde, terminé de conocer a Haya de la Torre. (...)
JUEGOS DE NIÑOS
En cierta ocasión, escuché un significativo diálogo entre el personero de una comunidad indígena y Haya de la Torre. Se conocían desde la infancia. Evocaban juegos y travesuras infantiles.
– ¿Se acuerda –le dijo– cuando jugábamos haciendo buquecitos?
–En el canal de Moche, ¡cómo no! –respondió Haya de la Torre.
–Usted se obstinaba en que los buques navegaran contra la corriente (...).
¡Hacer navegar contra la corriente! Siempre contra la corriente. La oposición sistemática. Una fatalidad ahondada en la personalidad. Ineludible. Involuntario como un factor de ruina en la tragedia. Porque Haya de la Torre no es un hombre para el triunfo sino para la lucha. Igual a un instrumento de la dialéctica. Un impulso hegeliano. (...) Así es Haya de la Torre.

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