Lima – Perú (12/Ene/2013) Cuando nos ponemos a pensar acerca del
prejuicio racial en nuestro país, entendemos entonces porque somos como somos,
porque somos un país de gran atraso, incapaz de enrumbar a un destino común y eso es un hecho cotidiano aunque no se
publique en los medios; que nace desde
la escuela y crece en la sociedad, con el sentido de menoscabar al oponente para
minimizarlo ante la sociedad.
Así somos, aunque no lo publiquemos en los periódicos, ese
es el estigma de este país variopinto, en donde todas las razas confluyen y se
confunden en un conjunto de seres, pero que al tener una predominancia o cultura blanca busca deslegitimar la existencia ajena. Un pueblo lleno de rencores contra sí mismo,
es un pueblo que no adquiere conciencia de su destino.
Nuestra sociedad ha heredado desde la conquista de los
españoles, en el siglo XVI, esta clase de tratamientos, es la historia cultural
de este país producto de una clase dominante frente a otras clases de ”menor valía” de acuerdo al
origen de nacimiento o blasón que
poseían, para diferenciarse. Y esta forma de pensar se ha encubado dentro
de una sociedad que permaneció cerrada a un pequeño grupo dominante que
adormeció la educación del pueblo.
Pero, hoy en la época del siglo XXI, en plena globalización,
en donde al prender una maquina de internet o leer un periódico, o cuanta
manifestación cultural veamos, notaremos
la variedad de razas y culturas que
existen en el mundo, es absurdo mantener usanzas
que en vez de acelerar el camino del desarrollo, buscan un
enfrentamiento ahistórico contra otras
razas o culturas.
Ser mestizo o ser indio, negro o cualquier otra raza, no
invalida la calidad de individuo, lo que lo invalida es mantener la falta de
educación y el resentimiento contra su país, acervando la actitud de odio frente a su sociedad, para aislarse
de quienes viven a su alrededor, y que a
pesar de su calidad profesional, si es que la tienen, no saben ver el valor del
origen autóctono que nos rodea.

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