sábado, 12 de enero de 2013

Acabemos de una vez con el prejuicio racial


Lima – Perú (12/Ene/2013)  Cuando nos ponemos a pensar acerca del prejuicio racial en nuestro país, entendemos entonces porque somos como somos, porque somos un país de gran atraso, incapaz de enrumbar a un destino común  y eso es un hecho cotidiano aunque no se publique en los medios;  que nace desde la escuela y crece en la sociedad, con el  sentido de menoscabar al oponente para minimizarlo ante la sociedad.
Así somos, aunque no lo publiquemos en los periódicos, ese es el estigma de este país variopinto, en donde todas las razas confluyen y se confunden en un conjunto de seres, pero que al tener una predominancia o cultura blanca  busca deslegitimar la existencia ajena.  Un pueblo lleno de rencores contra sí mismo, es un pueblo que no adquiere conciencia de su destino.
Nuestra sociedad ha heredado desde la conquista de los españoles, en el siglo XVI, esta clase de tratamientos, es la historia cultural de este país producto de una clase dominante frente a  otras clases de ”menor valía” de acuerdo al origen de nacimiento o blasón  que poseían,  para diferenciarse.  Y esta forma de pensar se ha encubado dentro de una sociedad que permaneció cerrada a un pequeño grupo dominante que adormeció la educación del pueblo.
Pero, hoy en la época del siglo XXI, en plena globalización, en donde al prender una maquina de internet o leer un periódico, o cuanta manifestación cultural veamos,  notaremos la variedad de razas y culturas  que existen en el mundo, es absurdo mantener  usanzas  que en vez de acelerar el camino del desarrollo, buscan un enfrentamiento ahistórico  contra otras razas o culturas.
Ser mestizo o ser indio, negro o cualquier otra raza, no invalida la calidad de individuo, lo que lo invalida es mantener la falta de educación y el resentimiento contra su país, acervando  la actitud de odio frente a su sociedad, para aislarse de quienes viven a su alrededor,  y que a pesar de su calidad profesional, si es que la tienen, no saben ver el valor del origen autóctono que nos rodea.  

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